Vivir con arte.

Lola López Rosell

El ser humano es fundamentalmente contacto, y vincularnos es un acto creativo. La manera en
la que creemos que somos y que son las demás dirige nuestra conducta y esto, muchas veces,
nos vuelve insensibles a lo que está sucediendo en la relación, haciéndonos sufrir.

Vivimos fuera silenciando lo de dentro


Podría decirse que construimos un traje al que llamamos “yo” influido por la cultura, por el
contexto social, y por las experiencias que vivimos. Este sería el escenario principal y los “papeles que interpretamos” predominantemente suelen ser fijos. La palabra es el medio a través del cual nos construimos y relacionamos. El lenguaje verbal está conectado de forma directa con la razón, con el conocimiento y el pensamiento. Obedece a las creencias y los valores personales, y se da tanto en la relación con el entorno como con una misma, considerándose el medio adecuado de vincularnos. Relegando al cuerpo y su particular expresión a un plano menos importante.

Dentro habitan nuestras vulnerabilidades


Y es justo ahí, dentro, donde habitan vulnerabilidades y a veces un sufrimiento tan profundo
que va más allá de las palabras. Quedando desconectado. Privado de libertad.

Stephen King escribió que: Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro
de nosotros y, a veces, ganan
. Aquello que aislamos parece que no existe y, sin embargo,
empuja ferozmente.

El arte es un puente de comunicación entre estas realidades. Un espacio abierto y cuidadoso
de autoconocimiento y poderío que usa el lenguaje simbólico y que requiere la implicación
total del organismo.
Una herramienta que se conecta directamente con el mundo privado de
las personas abriendo espacio para manipular fuera lo que se experimenta dentro, fomentando la perspectiva, la autonomía y la liberación.


Explorar a través de lo abstracto, lo lúdico y lo simbólico; quita peso a la palabra, facilita acciones efectivas y comprometidas con aquello que llena de sentido la vida, y nos coloca en el centro. Experimentarse así, flexible y espontánea ablanda la coraza, transforma la mirada y hace
hueco para sostener con mayor fortaleza las dificultades.

Foto de Jené Stephaniuk en Unsplash