Más allá de encajar, ser.

Lucila Díez Sánchez

A veces, me veo intentando estar en el mundo encajando en todos sitios, adaptándome a todos los
lugares, intentando ser esa persona que los demás esperan: agradable, simpática, capaz. Buscando mi
sitio y cumpliendo mi función para poder encajar… ¡Qué agotador!

Querida yo, déjame decirte que está bien no encajar.


Con el tiempo, me doy cuenta de que no encajar en todos lados está bien, que no te quieran en todos
sitios está bien, que no seas aceptada está bien, que no seas lo que tus amigos, familia, jefe esperan. No ser esa pieza que tiene que encajar está bien, que no me sienta a gusto está bien; que falle, decepcione, me aleje, me pierda y me re-encuentre… ¡está bien!


Está bien ser como soy, una pieza única que a veces encaja y otras no. Si no encajo, tal vez sea bueno dejar atrás tanto esfuerzo y energía, aceptarlo y soltar… notando esa libertad, esa honestidad que se siente al dejarlo ir.


No somos piezas de puzle estáticas

Somos movimiento, cambiamos, y nos vamos moldeando y ¡bendito moldeamiento y benditos cambios!
Por eso puede ser que un día te encuentres en un lugar o situación, rodeada de gente en la que tu
cuerpo te dice: ahí ya no es… te manda esa señal: sientes el rechazo, la frustración, la tristeza… y
comienza la lucha, tu mente habla: algo va mal, adáptate, deberías estar bien… ¡Maldita razón! Lo que me ayudas en ocasiones y lo que me maltratas en otras.


Querida yo, quiero decirte, que te quiero como eres, que me encanta que seas esa pieza que va cambiando, moviéndose… que está bien que no encajes ahí, en ese lugar, no lo fuerces. Está bien ser como eres y sentir lo que sientes, aunque eso suponga mirar cosas desagradables que no quieres ver y soltar sitios y lugares en los que una vez fuiste feliz.

Está bien, encajando y sin encajar. Está bien.

Foto de Maria Teneva en Unsplash

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