Un hijo es un espejo

La oportunidad de auto-conocimiento y auto-indagación que nuestros hijos e hijas nos colocan delante, en las narices y sin pedir permiso, es un tesoro que agarrar. Desde el mismo momento de su concepción, nacimiento o adopción, nuestro hijo remueve las memorias de nuestra propia infancia.

Es cierto que la tarea de ser madre es tremendamente agotadora. Es totalmente cierto que ser padre hoy, en el mundo de las prisas y de la incertidumbre es un desafío real, que precisa de una reflexión profunda como cultura sobre adónde vamos con tanta rapidez y cual es ese sitio prometido al que queremos llegar.

Una vez dicho esto, te propongo que me leas, más allá de la tarea de criar y educar, porque la oportunidad de auto-conocimiento y auto-indagación que nuestros hijos e hijas nos colocan delante, en las narices y sin pedir permiso, es un tesoro que agarrar. Desde el mismo momento de su concepción, nacimiento o adopción, nuestro hijo remueve las memorias de nuestra propia infancia. Todo aquello que nos nutrió de nuestra mamá, de nuestro papá, que sirvió para construir la persona que somos hoy; y por supuesto, todo aquello que nos daño, hirió y quedo soterrado, emerge. Quizás es la mente invitándonos a hacer reflexión de nuestra propia biografía emocional.

Y de repente, te encuentras actuando como dijiste que jamás harías con tus propios hijos, o te escuchas en una voz prestada que retumba en la familiaridad de cuando tu madre te reñía. O te ves dando un cachete automático que no has logrado frenar a tiempo de consciencia. Y aquí es donde te propongo un movimiento radical, donde puedes aprovechar, retirar el juicio y mirarte en el espejo: ¿Qué estoy viendo de mí en ti, hija? ¿Qué impacto tuvo esa situación en quién soy ahora? ¿Qué necesito agarrar y sanar para poder tratarme y tratarte de otra manera?

Porque si te dejas llevar por el automatismo, la historia se repite y se hereda, dejas la tarea pendiente de hacer. Y tu hijo, tu hija, tal como cuando tú misma fuiste niña o niño es un ser completo, que no tiene nada que compensar o mejorar. Es un ser a la espera de tu calidez, tu empatía y tu apertura. Es por esto que no podemos cambiar la forma de criar, sin antes no habernos cambiado a nosotras mismas. Ese es el desafío, el viaje y el regalo. Gracias por leerme.

Si necesitas compartir tu experiencia, te leo.

Patricia Megías García, Directora de Neurohábilis, Psicología y Salud Emocional. Coordinadora área Psicoterapia Infantil-Familiar.

Foto de Inga Gezalian en Unsplash

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