Heridas invisibles

Quizás sea herencia de nuestra cultura científica que lo que no se ve, no existe. Sin embargo, hay heridas invisibles que además de existir tanto como las heridas en la piel, guían e interfieren en nuestras vidas con una mayor intensidad. Son las heridas psicológicas que dejan las situaciones traumáticas y de las que aprendemos a defendernos y protegernos.

Quizás sea herencia de nuestra cultura científica que lo que no se ve, no existe. Sin embargo, hay heridas invisibles que además de existir tanto como las heridas en la piel, guían e interfieren en nuestras vidas con una mayor intensidad. Son las heridas psicológicas que dejan las situaciones traumáticas y de las que aprendemos a defendernos y protegernos.

Quizás ahí radica su invisibilidad, porque estas heridas son invisibles para nosotras mismas, en primer término. La manera en la que se manifiestan son diversas y si te cuento alguna seguro te sientes identificada. Por ejemplo, es pensar he tenido un infancia feliz, y no conseguir en la adultez relacionarme con los demás de manera armoniosa y cálida. Es pensar no tengo motivos para estar mal, y sentir que el pecho se me acelera a cada instante y me falta la respiración. Otro ejemplo, es llegar a casa aparentemente después de un buen día y explotar desbocadamente con tus hijos. Es tomarte vacaciones y sentir una tristeza profunda que no atiende a razones… la lista sería interminable. Y estoy segura que ya has localizado alguna situación en la que tu herida psicológica grita desde el fondo, intentando emerger a la consciencia.

¿Y para qué se manifiesta una herida psicológica? ¿Cómo es que quiere salir de su invisibilidad? Es muy probable que la situación que la provocó ya no sea tu actualidad vital, y que las defensas que creaste para poder sobrevivir psicológicamente ya no las necesites siendo adulta. Entonces, se necesita abrir, limpiar, curar y que por fin logre cicatrizar.

Y ahora quiero ser más explícita con la lista de heridas psicológicas que como sociedad necesitamos poder detectar a tiempo de no convertirse en una bomba que acabe en adicción, conductas de riesgo y auto-destrucción. Las heridas psicológicas se crean en situaciones que la mente del niño, del adolescente (también del adulto) no puede integrar: abuso sexual, situaciones de bullying, vínculos de apego inseguros, no haber contado con figuras de referencia para la regulación emocional, maltrato físico y verbal, muertes traumáticas… la lista aquí también es interminable.

¿Me ayudas a hacerlo visible?

Te lo agradezco.

Patricia Megías García, directora de Neurohábilis, Psicología y Salud Emocional. Coordinadora área Psicoterapia Infantil-Familiar.

Foto de Diana Polekhina en Unsplash

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